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El hombre del sombrero
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Ironía XII --- Ironía histórica, anecdotario lúgubre…

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Preparando una charla de poesía para las aulas de sexto de un colegio de mi ciudad (motivado por la petición de mi amigo cantante, del que siempre os hablo, que trabaja de maestro) me encontré por Internet (vía artículo de Despage) con el texto que os pongo a continuación. Pertenece a las memorias de Pablo Neruda y habla de la muerte de Federico García Lorca. Yo desconocía este texto, así como la intrahistoria que relata, y reconozco que quedé sorprendido, sobre todo por lo apabullante de su sarcástica realidad. No dudé ni un momento que tenía que compartir este texto a través del blog.

Alucinad libremente.

 

"Todo empezó para mí la noche del 19 de julio de 1.936. Un chileno simpático y aventurero, llamado Bobby Deglané, era empresario de Catch-as-can (lucha libre americana) en el gran circo Price de Madrid. Le manifesté mis reservas sobre la seriedad de ese "deporte", y él me convenció de que fuera al circo, junto con García Lorca, a verificar la autenticidad del espectáculo. Convencí a Federico y quedamos en encontrarnos allí a una hora convenida. Pasaríamos el rato viendo las truculencias del Troglodita Enmascarado, del Estrangulador Abisinio y del Orangután Siniestro, Federico faltó a la cita. Ya iba camino de su muerte. Ya nunca más nos vimos. Su cita era con otros estranguladores. Y de ese modo la guerra de España, que cambió mi poesía, comenzó para mí con la desaparición de un poeta.

¡Qué poeta! Nunca he visto reunidos como en él la gracia y el genio, el corazón alado y la cascada cristalina. Federico García Lorca era el duende derrochador, la alegría centrífuga que recogía en su seno e irradiaba como un planeta la felicidad de vivir. Ingenuo y comediante, cósmico y provinciano, músico singular, espléndido mimo, espantadizo y supersticioso, radiante y gentil, era una especie de resumen de las edades de España, del florecimiento popular; un producto arábigo-andaluz que iluminaba y perfumaba como un jazminero toda la escena de aquella España, ¡ay de mí!, desaparecida...

Federico García Lorca no fue fusilado; fue asesinado. Naturalmente nadie podía pensar que le matarían alguna vez. De todos los poetas de España era el más amado, el más querido, y el más semejante a un niño por su maravillosa alegría. ¿Quién pudiera creer que hubiera sobre la tierra, y sobre su tierra, monstruos capaces de un crimen tan inexplicable?"

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2 comentarios

El hombre del sombrero -

A RUTH: Ya, yo también había escuchado algo, pero también había leído que Neruda no pudo hacer nada... No sé qué versión será la cierta (quizás las dos a la vez). No sé si habrás visto la historia de Miguel Hernández interpretada por Liberto Rabal, pero yo la vi hace años y me gustó. Lo del poeta de Orihuela era pura energía.

Saludos.

Ruth -

El texto es brutal pero a Neruda le tengo entre comillas desde que leí que abandonó a Miguel Hernández a su suerte y el poeta oriolano terminó muriendo de tuberculosis en la cárcel de Alicante.
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